• Isabel Antón

Microchips, la deslocalización de la producción y los mercados internacionales: ¿Qué está pasando?

Actualizado: nov 11




Es de sobra conocido que vivimos en un mundo globalizado y la economía es mundial. Sin embargo, todos nos hemos sorprendido al acudir a un concesionario de coches y recibir la respuesta del vendedor: “el precio de ese modelo se ha incrementado un x % y no lo tendríamos hasta dentro de 6-8 meses”. Ante esa respuesta y sobre todo en la sociedad de la inmediatez en la que vivimos, se nos puede hacer difícil de procesar.

Aún así, no hay que quedarse en la superficie, sería interesante saber por qué sucede esto y sobre todo hasta cuándo va a durar esta situación. Especialmente esto sería necesario porque hay muchos sectores económicos (agricultura, ganadería, transporte…) como consecuencia del incremento de precios del petróleo y de la luz que están sufriendo un verdadero revés debido a que las materias primas no hacen más que subir de precio.


Pero ¿Por qué todo es más caro? Desde el coche, hasta los huevos pasando por los juguetes de nuestros pequeñ@s...

Pero vayamos por partes, las razones a las subidas de precios podrían ser tres:


1) La deslocalización de la producción. Las empresas no fabrican en el mismo mercado en el cual dirigen sus productos o ellas mismas tienen sus sedes. Las compañías deciden fabricar donde consideran que es más rentable para sus negocios. Esto tiene ventajas e inconvenientes, pero es cierto que para unos países y sectores tiene un importante impacto en sus economías nacionales. Es lo que tiene el capitalismo.


2) El mercado es mundial. Consecuencia del factor anterior, determinados países se han convertido en la fabrica del mundo. Por ejemplo, India, China o Pakistán son grandes productores de algodón. Materia prima clave para la producción de ropa. Además, el mercado es mundial, con internet y el ecommerce los productos se pueden dirigir a cualquier mercado. Crear una web e intentar vender productos y/o servicios en diferentes mercados a la vez es relativamente sencillo si lo comparamos con hace 30 años. En aquel momento, la vía para vender productos conllevaba la apertura de filiales o contactar con agentes o distribuidores en el país donde se quería comercializar los productos. En la actualidad, llegar al consumidor final es más fácil, pero no quiere decir que sea más barato para las empresas. Antes se invertía en llegar al cliente mediante un establecimiento físico, esto implicaba los gastos típicos que conlleva la apertura de un establecimiento en un mercado diferente en el que quizás se operaba. Ahora, las empresas necesitan estar en internet pero estar de verdad. Es decir, éstas deben lograr el tan ansiado posicionamiento, ser visible en la red no es nada sencillo ni tampoco barato. Las empresas invierten mucho dinero en todo lo relativo al marketing digital.


3) La escasez de petróleo y de gas. Como he apuntado, el mercado es mundial, esto implica no sólo que la oferta sea mundial sino que también lo es la demanda. Todos los países, todas las empresas compiten por los mismos productos en el mismo mercado: el mundial. La oferta de gas y de petróleo no es ilimitada, los países productores tienen sus reservas y ponen en el mercado las cantidades que pueden y/o quieren. El gas y el petróleo, aspectos claves de la geopolítica actual, escasean por diferentes motivos y esto hace que el precio de prácticamente todos los productos suba, desde la gasolina, el plástico de los juguetes, la ropa (también alguna se hace de derivados de petróleo; y la que no, hay que transportarla…). Algunas razones de esas escasez podrían ser:


a. En relación al petróleo, la demanda de crudo ha crecido de forma considerable debido a China. Es el mayor importador del mundo. Su PIB ha aumentando de forma considerable en la última década. Esto implica que una subida del nivel de vida de este país que cuenta con más de 1.200 millones de habitantes genere una demanda fuerte de sus ciudadanos de un producto hace que suframos el impacto en todos los demás.


b. En relación al gas, también es una cuestión de oferta, de demanda (obviamente China también demanda gas) y de capacidad de producción. Europa depende en gran medida del gas que procede de Rusia. Nuestro continente produce muy poco gas, por lo que lo que se tiene que comprar fuera, es decir, hay que importarlo. Hace pocas semanas, el presidente ruso tuvo que dejar muy claro ante la subida imparable del gas que su suministro iba a ser fiable ( vid noticia aquí). Sin embargo, es difícil creerle del todo tras lo que está sucediendo en Polonia en su frontera con Bielorrusia.

La realidad es que Rusia como gran productor de gas tiene la llave de que en Europa vivamos o no ese temible apagón del que alertaba Austria hace pocas semanas. Sin embargo, no hace falta llegar a tanto, los precios tan elevados y las bajas reservas de gas con las que cuenta Europa hace que algunos expertos alerten de que se pueda poner en peligro hasta poder poner en marcha la calefacción este invierno con regularidad. Verdaderamente se puede decir que Putin tiene la sartén por el mango en lo que a gas se refiere. De hecho, como es comprensible lo primero que ha hecho ha sido garantizarse sus propias reservas de gas por si este invierno es tan frío y largo como lo fue el anterior (más detalle vid. aquí)


No obstante, además de estos motivos, no hay que olvidar la gran especulación que existe en estos mercados internacionales de gas, de petróleo y también de materias primas básicas pero muy importantes como el trigo, la cebada o el maíz. En estos mercados también se entremezclan intereses políticos muy diversos y donde no todo puede ser lo que parece. La transparencia brilla por su ausencia y quien dice que tiene mucho gas o que genera mucho petróleo… quizás ni tiene ni genera tanto. ¿Quién sabe realmente?


Volviendo al mercado internacional de fabricación y distribución de vehículos, el problema con el que se enfrentan actualmente las empresas es que no hay suficientes microchips o semiconductores. Pero ¿Por qué no hay? Tres podrían ser las razones:


1) Focalización de la producción de microchips en los productos demandados durante la pandemia. Cuando el mundo se paró en marzo de 2020 por el coronavirus, las fábricas de microchips no disminuyeron su producción, se centraron en hacer microchips para los aparatos electrónicos que se demandaban en ese momento. Es decir, ordenadores, teléfonos, tablets, televisiones etc. De este modo, las pocas fabricas que existen de microchips en el mundo (localizadas en Asia, en concreto en Taiwán y en Corea del Sur) se centraron en fabricar microchips dirigidos a ese tipo de productos y muy pocos de los que se producían iban destinados a automóviles. (Vid. para un mayor detalle aquí) Por lo tanto, la producción de microchips no se paró con la pandemia, se focalizó en lo que el consumidor demandaba en aquel momento. De hecho, 2020 fue uno de los años que más millones de microchips se vendieron, unos 60.000 millones.

2) La digitalización se ha acelerado con la pandemia. Algunos expertos hablan de 10 años, otros de 5 años, todos coinciden en que puede ser lo único positivo de la situación vivida (vid alguna noticia aquí). Sea como fuere, la mayoría de nosotros no nos quedamos en casa en la primavera de 2020 a descansar, el mundo siguió y un porcentaje muy elevado de la población trabajó desde su casa durante muchos meses. Ese consumo de productos electrónicos y por lo tanto de microchips en la actualidad es debido a que se ha pasado en muy poco tiempo a niveles de digitalización inimaginables en multitud de sectores (retail, educación, etc.) si no hubiera sido por la situación en la que nos vimos envueltos por el Covid-19.

3)La dificultad de crear microchips. Los chips están en todas partes, sin embargo, que se utilicen para todo no significa que su producción sea ni sencilla ni barata. Se necesitan diferentes componentes, fábricas muy especializadas, personal muy cualificado y el mínimo imprevisto como una simple mota de polvo puede arruinar toda una producción (vid aquí para más detalle). De hecho, China ya tiene planes para ser completamente autosuficiente en la fabricación de microchips debido a que es un componente clave para el que quiera dominar el comercio transnacional de las próximas décadas. De hecho, otro de los factores que han dado lugar a esta crisis de los microchips han sido problemas de suministro existente en ese mercado de los microchips que sucedieron con anterioridad a la pandemia. Es un mercado muy tensionado en gran parte porque son muy pocos los que lo manejan.


Por lo tanto, desde hace meses, ya se están fabricando millones de chips para coches y otros productos lo único que fabricarlos lleva meses y si durante los meses más duros de la pandemia los productos que se llevaban los microchips eran otros, ahora simplemente toca esperar un poco (quizás años, los expertos hablan de finales de 2022) para que determinados productos como los coches puedan estar a niveles de oferta habituales.


En definitiva, los tiempos actuales son convulsos, quizás siempre lo han sido, aunque existe la tendencia humana a pensar que lo que te sucede en la actualidad es lo más complejo y delicado a lo que te has enfrentado. Sin embargo, hay un hecho que no se puede obviar y que hace pocas décadas no pasaba. Actualmente, tenemos un modelo de producción muy descentralizado y el mercado es mundial. De este modo, lo que sucede en mercados y países muy lejanos, tiene un fuerte impacto también en el mercado donde nos podemos encontrar. En estos escenarios internacionales tan complejos, el jurista y sobre todo el internacional privatista está de suerte, ya que al menos a ell@s al igual que los que fabrican los microchips no les va a faltar trabajo en las próximos años.

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