• Isabel Antón

Los residuos en la industria textil: ¿Cambios regulatorios para transformar la industria?




La industria textil es una industria muy contaminante. Ese impacto que presenta en el planeta en muchas de sus fases de su cadena de valor: en la fase de cultivo de determinados materias primas como el algodón se necesita mucho agua. Unos 2.000 litros para producir una mera camiseta de algodón. Uno de los problemas más importantes en la actualidad es la cantidad de residuos que genera la industria. Estos residuos se crean al momento de producir las prendas, por ejemplo, con toda la tela que se utiliza para hacer el patronaje de las prendas. Pero también cuando se tiñe la ropa. Muchos de esos residuos del tintado van a parar a ríos y mares.

Sin embargo, el objetivo de este post son los residuos generados una vez las prendas ya están confeccionadas. Alrededor de 800.000 millones de toneladas llegan a vertedores cada año. Esto refleja una realidad en el sector y es que sólo un 1% de los productos textiles se reciclan en ciclo cerrado, es decir, se les vuelve a dar el mismo uso o similar.

Para hacer frente a este impacto, el legislador europeo está modificando la Directiva 2009/125/CE, la cual aborda el diseño ecológico para los productos, y la va a convertir en breve en un Reglamento europeo directamente aplicable en todos los Estados miembros.

Pero además de esta norma que citamos, en el año 2018 modificó la Directiva marco de residuos (la Directiva 2008/98/CE) para afrontar retos muy diversos que afectan a industrias muy variadas entre sí, desde la textil hasta la alimentaria pasando también por la que se ocupa de fabricar aparatos eléctricos y electrónicos. Todos esos cambios regulatorios persiguen un fin y es que se reduzca los residuos, se recicle más, se produzca menos y se reutilice todo lo posible lo ya fabricado.



La Directiva 2018/851/UE ha sido implementada por el legislador al ordenamiento jurídico con la Ley 7/2022, de 8 abril, de residuos y suelos contaminados por una economía circular. De hecho, ésta es la primera normativa que establece exigencias a la industria textil en materia medioambiental. Entre las novedades que implica esta Ley podríamos destacar tres:

1) Las empresas textiles tendrán que producir de forma más sostenible. Para ello será clave el ecodiseño, término que proviene de la Directiva 2009/125 y que impacta de lleno en el núcleo del fast fashion. Una producción basada en el ecodiseño llevará a producir menos y a producir también prendas de mayor calidad que posteriormente puedan reciclarse con menor coste y de forma más eficiente que en la actualidad.

2) Dichas empresas pagarán por los residuos que generan y no podrán destruirlos o incinerarlos.

3) Los fabricantes y/o poseedores de residuos textiles se enfrentarán a la responsabilidad ampliada del productor. Este tipo de responsabilidad ya se aplica en otros sectores como en el caso del vidrio o de los envases. Sin embargo, todavía hay muchos aspectos en torno a dicha responsabilidad que se deben desarrollar por el legislador español (como la carga financiera) y que actualmente preocupan (y con razón) a las empresas textiles debido a la inseguridad jurídica que les origina a corto plazo.

El legislador español ha sido consciente de que para que las empresas puedan cumplir la Ley 7/2022 necesitan inversión y tiempo. Por eso, la obligación de recogida separada de los productos textiles comienza a partir del 31 de diciembre de 2024 y la responsabilidad ampliada del productor empezaría a operar en 2025.

Un aspecto interesante de esta Ley es que se considera <<productor del producto>> a cualquier persona física o jurídica, que desarrolle, fabrique, procese, importe, incluyendo (y ahí lo interesante) a las plataformas de comercio electrónico, las cuales tendrán también serán consideradas responsables de los productos que vendan en España con independencia de que estén radicadas en otros países europeos o en terceros Estados.


Por lo tanto, esta Ley implica novedosos aspectos regulatorios que con un desarrollo legislativo posterior adecuado pueden llevar en los próximos años a una transformación importante del sector textil. Una transformación que ha iniciado el regulador con esta Ley 7/2022 pero que las empresas textiles deberán continuar para que verdaderamente ese objetivo ambicioso de una moda más circular se convierta en una realidad en los próximos años.

Sin embargo, España no está sola en este objetivo, la Comisión Europea tiene un plan ambicioso para que la moda en 2030 sea más sostenible y circular. El objetivo es que esto se consiga no sólo fabricando la ropa con productos más sostenibles, también habrá un cambio en relación a la transparencia de la industria. Las empresas textiles se han caracterizado por dar muy poca información sobre quiénes son sus proveedores o la cantidad de excedentes que tienen, entre otros. No obstante, esto cambiará en pocos años. La UE quiere que la industria sea más mucho transparente. Por eso, exigirá con las nuevas normas que proporcionen mayor información al consumidor canalizándolo a través de un pasaporte digital. En base al mismo podremos saber las empresas involucradas en la cadena de valor, los materiales que componen esa prenda, lo que nos va a permitir saber el impacto medioambiental y en los derechos de las personas de la ropa que llevamos puesto.

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